El documento olvidado

Sobre el Informe Hospedales y el autoexamen de la MUD

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            En uno de sus momentos de mayor influencia y tras generar una altísima expectativa en la población, la oposición venezolana fue derrotada en la última elección presidencial de Hugo Chávez. Posterior a eso, la alianza designó un equipo altamente calificado para que realizara un diagnóstico exhaustivo de la situación, sugiriera correctivos y aportara insumos para una estrategia más efectiva. La oposición estaba convencida de que había avanzado mucho en su propósito por reemplazar electoralmente al chavismo, pero también sabía que no eran pocos los errores cometidos desde su fundación en 2008. La Mesa de la Unidad Democrática (MUD) operaba únicamente como plataforma electoral de un grupo de partidos que perseguían el poder sin advertir el sistema autoritario que se enquistaba en el aparato estatal y en las bases de la sociedad.

Con gran espíritu autocrítico se redactó el Informe Hospedales (en adelante IH), un lúcido documento del que desde entonces se habló muy poco y apenas algunos analistas han recogido su existencia en escasas apariciones en la prensa.

Tras la repentina muerte de Chávez, la oposición se enfrentó a Nicolás Maduro y a la campaña más desigual de la era democrática venezolana. La derrota, esta vez por el 1% de los votos en un turbio contexto de negación de la auditoría electoral, dio paso a la desorientación de la MUD y al contraste de posiciones internas. Le siguieron elecciones regionales en las que el oficialismo se impuso, y elecciones municipales en las que la oposición logró ciudades capitales importantes pero el chavismo superó en número de votantes a nivel nacional. En este marco de desmotivación no faltaron quejas y reclamos de las bases de los partidos y de actores sociales que confrontaban al chavismo pero exigían una MUD más unida y eficiente. Así llegaron las elecciones parlamentarias de 2015 en las que la alternativa obtuvo por primera vez el apoyo contundente de la mayoría del país. No obstante, al final del convulso 2016 se terminó desajustando nuevamente la coalición y se recordó la necesidad de reorientar la estrategia, efectiva en la victoria de 2015, pero insuficiente para hacer frente al régimen chavista que ha liquidado, hasta nuevo aviso, el derecho al voto.

Inicia 2017 y la dirigencia de oposición habla al unísono de una reestructuración, refundación, renovación, reorganización, para hacer de la Unidad una fuerza más sólida y eficaz que pueda enfrentar al chavismo en medio de la crisis económica, social y política más grave que haya vivido Venezuela. Abundan los comentarios, opiniones y tesis al respecto, sin embargo, el Informe Hospedales, una hoja de ruta redactada con el concierto de todos los sectores, ha quedado olvidado.

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Luego de las elecciones presidenciales de 2012, en las que Henrique Capriles, candidato presidencial de la Mesa de la Unidad Democrática, perdiera contra Hugo Chávez, la alianza opositora se propuso realizar una reingeniería operativa y estratégica en la búsqueda de una reorientación para lograr su objetivo fundacional: “consolidar una mayoría capaz de producir el cambio político que hace falta en Venezuela” (MUD, 2009). En ese contexto, la Secretaría Ejecutiva, comandada entonces por Ramón Guillermo Aveledo, solicitó a la Comisión de Estrategia de la coalición un informe que diagnosticara la realidad de la MUD y del país, identificara debilidades y fortalezas, e hiciera recomendaciones que permitieran incrementar la efectividad de la organización. Como producto, la Comisión redactó un “Informe final” fechado el 28 de diciembre de 2012.

El equipo estuvo conformado por una diversidad de dirigentes políticos, académicos e intelectuales. Algunos miembros de los partidos de oposición y otros son personalidades independientes. La integraron Carlos Guillermo Arocha, Pedro Benítez, Colette Capriles, Eduardo Gómez Sigala, Arístides Hospedales, Gabriel Puerta Aponte, Andrés Stambouli, Ricardo Sucre Heredia, e Ysrrael Camero, quien fungió como secretario de la Comisión. El documento que resumió las reflexiones de este grupo ganó el nombre de “Informe Hospedales”, por la participación estelar que uno de sus integrantes.

El “Informe Hospedales” (en adelante IH) se dedicó a cuatro áreas de reflexión en las que la Comisión consideraba necesario unificar el criterio de la MUD, reconocer errores cometidos, subrayar aciertos y estrategias efectivas, y proponer lineamientos con efecto inmediato para superar la derrota de las presidenciales de 2012 en procura de “avanzar hacia una nueva etapa, tras finalizar su fase de fundación y maduración”: 1) cambios ocurridos en la sociedad venezolana que exigen una transformación de la política; 2) contexto y resultados de las presidenciales del 7 de octubre de 2012; 3) lineamientos estratégicos para la MUD luego de las presidenciales y de los cambios ocurridos en la sociedad; 4) organización y acciones. Es de resaltar que antes y después de la redacción del IH, la MUD no ha generado otro documento de igual calado que profundice en la revisión total de su operativa y cuestione el cortoplacismo de las estrategias implementadas por los partidos que la conforman, a los fines de superar la etapa de plataforma electoral y convertirse en una alianza que represente una alternativa real al gobierno chavista.

Con la intención de no alterar el espíritu del Informe sobre el que hacemos este breve análisis, realizaremos diversas citas textuales de las catorce páginas que constituyen el documento original (Comisión para la Estrategia MUD, 2012).

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            La Comisión que elaboró el IH realizó serias consideraciones de diagnóstico en las que se evidencia la falta de uniformidad de criterio con la que venían operando los partidos asociados a la MUD. “No se ha logrado producir y difundir una caracterización común del chavismo, que utilice un mismo lenguaje y con las mismas categorías políticas” (p. 2). Si bien existía una claridad de objetivos en la secretaría ejecutiva de la alianza (dirigida por uno de los políticos profesionales más relevantes del país), exhibida coherentemente a través de los medios de comunicación, esto no se trasladó al liderazgo de los partidos.

No hemos sabido darnos una identidad en relación a nuestra tradición política democrática. Hemos cedido al clima de opinión construido por el Estado-corporación que niega el pasado republicano de Venezuela (…) Hemos sido inconsecuentes con el legado civil, en sus aciertos, y no nos hemos atrevido a hablar de sus errores (…) No disponemos en consecuencia de una narrativa clara acerca de cómo se logró la democracia moderna ni cuáles eran las fuerzas que se oponían a ella (p. 5).

De acuerdo con el documento, una de las debilidades fundamentales de la alianza es su carencia en el reconocimiento del chavismo como régimen antidemocrático. Al ser la Unidad una coalición cuya agenda ha girado en torno a los consecutivos eventos electorales, se ha presentado como eso, un contendor, un rival electoral y no como una alternativa que persigue desplazar del poder a la élite oficialista enquistada en los poderes públicos, empresas estatales y órganos dependientes o relacionados con la administración pública. Según el IH el sistema que impera en Venezuela

No es una democracia entendida como un estado de justicia social y de derecho. Se trata de un régimen autoritario y despótico (…) un proyecto hegemónico que no admite pluralismo político (…) [Que] ha subvertido el carácter constitucional de la FAN y pretende convertirla en un órgano pretoriano, cuya tarea principal es proteger a una oligarquía que controla al Estado (p. 3).

Por otro lado, es reconocida la escasez de debate interno de ideas, dando espacio al pragmatismo y la inmediatez que se precisan en la contienda electoral, un tema que eventualmente sigue siendo recogido por la opinión pública y sobre el que la Unidad persiste afirmando que la diversidad es su mayor fortaleza, pese a la fragmentación interna y la falta de una estrategia única: “Hemos evitado el debate de las ideas (…) No ha sido eficiente este enfoque pragmático porque al centrarnos solo en soluciones sin tomar en cuenta las ideas políticas, hemos dejado de lado la política y ésta ha sido sustituida por estudios de opinión y mensajes publicitarios” (p. 5).

De todos los defectos quizá el que más amerite un mea culpa es el de los problemas de comunicación. Desde su fundación y hasta la actualidad la MUD ha sido blanco permanente de críticas por su insuficiencia en la puesta en marcha de una estrategia comunicacional robusta que permita actuar velozmente en momentos de crisis y transmitir sus mensajes a toda la población sorteando las dificultades de la censura oficialista. Igualmente, ha sido débil en la confección de una potente narrativa que la muestre como opción real de gobierno ante un país brutalmente empobrecido y desconectado del desarrollo global: “Sin una narrativa que conecte las propuestas del presente con lo mejor de nuestra tradición republicana y sus luchas contra el despotismo, no es posible ofrecer una alternativa, en términos de identidad política, al chavismo” (p. 5).

Otro aspecto no menor es el de la representación parlamentaria: “La pobre actuación de la representación parlamentaria de la Unidad. Ya durante el primer semestre de 2011, las encuestas de opinión reflejaban el descenso de la evaluación positiva de la Unidad” (p. 7). En 2010 la oposición regresó a la Asamblea Nacional (AN) luego de cinco años sin participar producto de su abstención en 2005, episodio que permitió al chavismo aprobar sin límites las leyes de su interés transformando el Estado e introduciendo el “modelo socialista”. Desde entonces la fracción de diputados opositores no ha dejado de estar en la mira de los medios de comunicación, críticos y analistas. Al no existir mecanismos sancionatorios para los legisladores de la Unidad en buena medida porque entonces prevalecieron las fracciones parlamentarias por partido político y no por coalición, se hizo imposible prevenir la disminución del activismo dentro de la AN como preámbulo a la dirigencia que buscó en la obtención de su escaño un trampolín para futuros cargos en las elecciones regionales de 2012 y municipales de 2013 (ver Ramírez y Rodríguez, 2012). Los resultados de estas contiendas ya fueron señalados anteriormente.  “Se crea un clima de decepción, al no funcionar la Asamblea Nacional como espacio de confrontación de dos proyectos políticos y al constatar el poco interés que muchos parlamentarios parecían tener en ese escenario” (p. 7). En la actualidad, la nueva Asamblea Nacional dirigida por la oposición sí instaló la fracción del bloque de la Unidad, cuya jefatura es el segundo cargo de relevancia en el Legislativo después del Presidente de la Cámara. Sin embargo, no ha sido posible determinar si habrá una masiva participación de los diputados en elecciones regionales y municipales toda vez que estos eventos han sido postergados por el Consejo Nacional Electoral y al momento de redactar este artículo se desconocen fechas de realización. En todo caso, es una fragilidad advertida por el IH: “¿Cómo garantizar la responsabilidad política de los diputados?” (p. 12). En la actualidad se desconoce de algún procedimiento interno para verificar y controlar el desempeño de los parlamentarios.

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            Algunas reflexiones y recomendaciones que hace el Informe y que no necesitan de nuestra interpretación ni paráfrasis:

  • La responsabilidad política consiste en admitir los errores, formular los correctivos, ofrecer un curso de acción creíble y coherente y someterse al escrutinio y a la discusión desde todos los espacios posibles. Como tarea general, la MUD debe contribuir a generar estos espacios (p. 9).
  • Los partidos políticos y el liderazgo deben transitar, a su vez, por un proceso de revisión crítica profundo y honesto que contribuya a restablecer la confianza en la posibilidad del cambio democrático, que en estos momentos está muy deteriorada (p. 9).
  • La estrategia debe dirigirse a construir una mayoría amplia y sólida a través de una política que la distinga de la del gobierno, que comunique un proyecto alternativo (…) Para cumplir con este cometido, se considerarán los medios electorales y los medios de resistencia civil pacífica (p. 9).
  • La MUD debe discutir si deja de comportarse como una coalición electoral para actuar también como una gran alianza estratégica y político-social en vinculación orgánica con la sociedad (p. 9).
  • La MUD debe ampliarse incorporando a diversos sectores sociales, en atención a su representatividad sin que dichas adiciones resientan la eficacia de la Mesa (p. 10).
  • La MUD no debe evadir el debate de ideas. Tiene que reforzar la identidad de su visión, tener audacia en sus propuestas e iniciativas, y contrastar con el gobierno para establecer una conexión entre el modelo y sus resultados (p. 10).
  • La MUD debe tener una estructura flexible y adaptable, que le permita responder de forma rápida y ajustarse a los diferentes escenarios políticos (…) para evitar la rutinización de la MUD y que ésta caiga en la inercia (p. 10).

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El Informe Hospedales es una hoja de ruta que se creó con el fin de alimentar el debate interno en la oposición venezolana y lograr una MUD más eficiente que agrupe a las mayorías nacionales en torno a un proyecto democrático sustituto del autoritarismo chavista. Las carencias en definiciones, criterios y actuaciones han conllevado, de acuerdo con la Comisión de Estrategia, a un estancamiento de la alianza en su intento por superar el esquema de fuerza electoral para convertirse en un frente sólido, vinculado con la sociedad, y que trasmita un proyecto de país en el que se reconozca la sociedad en su conjunto.

En la actualidad, cuando reaparece la discusión sobre la necesidad de una reforma interna en la alianza, ventilada al extremo a través de los medios de comunicación y redes sociales, surge la interrogante de por qué se deja a la deriva un documento de esta relevancia en el que se reconocen aciertos y desaciertos, y se traza un camino para mejorar sustancialmente. En el caso de que la respuesta a esa interrogante sea que en 2017 el contexto es diferente por la profundización de la crisis económica, política y social, da pie para que otra pregunta, aun peor, quede en el aire: ¿por qué nunca se tomó en cuenta?

Ángel Arellano

Fuentes

Comisión para la Estrategia de la Mesa de la Unidad Democrática. (2012). Informe final. Recuperado de http://es.slideshare.net/asearellano/informe-hospedales-2012-comisin-para-la-estrategia-de-la-mesa-de-la-unidad-democrtica

Ramírez, J. y Rodríguez, X. (2012). Informe especial: Los diputados-candidatos de oposición ¿un nuevo abandono?. Recuperado de https://entornoparlamentario.files.wordpress.com/2012/01/diputados-candidatos-de-oposicic3b3n.pdf

Mesa de la Unidad Democrática. (8 de junio de 2009). Mesa de la Unidad Democrática para vivir y progresar en paz. Recuperado de http://www.unidadvenezuela.org/sobre-la-mud/

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