César Pereira. QEPD. Honor a los caídos

Cuando Cesita se metió en esto tenía 14 años. Era un muchachito, como tantos otros que acompañaban a Armando Armas en el sueño de ganar la Alcaldía de Lechería. “Lechería sí tiene quien la quiera”. En caminatas, asambleas, reuniones, siempre de primerito, después del liceo.

Cesita, un chamito popular en el Casco Central y luego en toda la ciudad. Andaba por aquí y por allá. Ayudaba a una señora con las bolsas del mercado, entregaba los volantes, regañaba al grupo para que todos se pusieran las pilas. Obediente por un lado y contestón por el otro. Rebelde, como corresponde. Difícil no quererlo.

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Cesita nació y creció, al igual que muchos, en el país conflictivo, distorsionado, venenoso, que nos tocó vivir. No conoció otro. Solo el país gobernado por el chavismo. El país que permitió democráticamente el ascenso de un líder que liquidó la democracia.

Ante esa realidad este muchachito luchó. Es de la generación de los que aspiran algo mejor que las migas de una república nostálgica. La generación de los que se ocupan. Los que militan. Los que protestan. Los que no se quedan callados. Los que gritan. Los que no se cansan.

Sin embargo, lo baila’o no le quita a Cesita lo que era: un muchacho. 21 años. Un jovencito que peleaba como hombre, de esos que abundaron en la Guerra de Independencia. Bueno, esto es más o menos lo mismo, o peor, porque intentamos salir de los tiranos y éstos no son extranjeros. Arremeten contra sus compatriotas generando un conflicto que ha cobrado casi 60 vidas solo en estos últimos dos meses… A nadie se le puede olvidar, nunca, los muertos de 2002, ni los de 2014, ni los cientos que han caído en protestas desde que esta desgracia llegó a Miraflores en 1999. Ni los presos, ni los torturados, ni los heridos, ni los despedidos forzosamente de sus trabajos, ni los exiliados.

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Cesita se murió esta madrugada. Funcionarios policiales le dispararon con metras. Su cuerpo no aguantó. Nos duele. ¡Carajo! Nos duele a todos. Un muchacho más que se va. La dictadura baña de sangre una sociedad que con hambre, enfermedad y angustia, sigue resistiendo.

Cesita, hermanito querido, hoy te despedimos. Serás la clave en el estandarte de tu familia, tus amigos, tu partido. Lechería sí tiene quien la quiera. Tú la querías. Ese ringtone te acompañará en la eternidad.

Con cariño.

***

Ángel Arellano

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