Bolivia, un país que sorprende

En América, Evo Morales aparece como un redentor de los pobres, de los obreros, los miserables. Defensor de la naturaleza, la “pachamama”, y un sinfín de cursilerías más que puso de moda el pop-progresismo para posicionar las prácticas populistas con las que han gobernado en la región. Sorprendentemente, en Bolivia, aun cuando ha existido un crecimiento económico importante los últimos años (que sin duda se mantiene), son muchos, muchísimos los pobres y ciudadanos en condiciones de miseria, los trabajadores en negro, los que no tienen ningún tipo de cobertura de salud porque están en sitios donde la ley no llega, aun cuando trabajen en las narices de los organismos públicos, y la muy mentada “pachamama” sufre el avance de proyectos como este en el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Secure (Tipnis), un área de selva protegida en Bolivia que quiere ser partida al medio por una carretera. Morales dice que los opositores son parte del “medioambientalismo colonial”, “enemigos” de los indígenas. Pero lo cierto es que si usted va a Bolivia se encuentra en las calles con un “medioambientalismo” actual e independiente, y grupos indígenas protestando para que no destruyan kilómetros de selva.

Algo así hizo Chávez en Venezuela con el silencio del mundo mientras los petrodólares compraban la conciencia de América Latina. Destruyeron parte de La Guajira con la industria carbo-eléctrica, el cauce del río Orinoco con la explotación agresiva de hidrocarburos, el Amazonas y la selva sagrada del estado Bolívar con la minería y ahora con el Arco Minero, un modelo de destrucción masiva para multiplicar nuestra dependencia a la renta de productos que no provienen del trabajo ni del esfuerzo de nadie.

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Un país sorprendente. Bolivia tiene de todo. Lo más valioso: una reivindicación permanente de sus bases culturales ancestrales y un elevado sentido de convivencia con el medio ambiente (a pesar de la minería, el narcotráfico y la irresponsabilidad de muchos). La humedad es imponente en las regiones bajas como Santa Cruz. Me han dicho que en el altiplano todo es seco y frío. Espero conocerlo pronto.
Buenos guisos, buena cerveza, gente amable. La señora que me regaló unos mangos en el mercado municipal, el vendedor de agua en el Zoológico y su disposición a buscar cambio de un billete de 100 bolivianos hasta debajo de las piedras, el jefe del aviario pendiente de que la experiencia fuera grata y enriquecedora, la encargada de la galería de arte Manzana 1 y sus detalles para disfrutar de la exposición, la catedral que espera de puertas abiertas a todos los curiosos, la señora que me vendió un queso blanco igualito al de nosotros, el tipo de las empanadas, el del jugo de papaya, las calles colmadas de gente apurada, los murales, el parque El Arenal, los amigos que hice… 

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Ángel Arellano

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