Compromiso y agradecimiento del inmigrante venezolano con el Uruguay

El pasado sábado 17 de febrero un violento atraco a un supermercado en Montevideo acabó con la vida de una joven cajera uruguaya de 26 años y dejó gravemente herido a un guardia de seguridad venezolano de 59 años que hasta el momento se mantiene hospitalizado. Recibió un disparo a quemarropa y la bala se alojó en su médula espinal[1]. El hecho puso en relieve ante la opinión pública dos cosas: una es el elevado número de inmigrantes venezolanos que han llegado los últimos tres años a Uruguay, y la otra es la situación de vulnerabilidad laboral en la que se encuentran algunos de ellos, ya que trascendió en la prensa que el guardia de seguridad trabaja sin contratación previa (en “negro”). Información que luego fue confirmada.

Dos décadas atrás la inmigración venezolana era casi inexistente. Desde el ascenso al poder de la Revolución Bolivariana este fenómeno comenzó a crecer poco a poco hasta el año 2013, cuando dio un salto que aún no consigue techo. En Uruguay puntualmente la llegada masiva de inmigrantes venezolanos comenzó a registrarse a mediados del año 2015. Desde entonces, el número de solicitudes de residencia de ciudadanos con esta nacionalidad ha crecido exponencialmente. La cancillería uruguaya proyecta que este aumento se mantendrá, por lo menos, los próximos dos años. Sin embargo, las expectativas económicas para Venezuela son desastrosas, lo que sirve como augurio de que el éxodo subirá hasta alcanzar niveles insospechados.

En términos generales, el Uruguay ha recibido de forma muy positiva la inmigración venezolana. La gran mayoría de la fuerza de trabajo de esta comunidad ha podido insertarse en el mercado laboral de forma correcta y, aunque muchos profesionales técnicos o universitarios no han podido incorporarse en sectores asociados a sus áreas de conocimiento, están trabajando en puestos cuya remuneración permite cubrir sus necesidades básicas[2]. Existen casos de gran vulnerabilidad económica que encuentran orientación y asesoría en grupos organizados como la ONG Manos Veneguayas, autoridades estatales e instituciones de diverso tipo.

El suceso con la cajera asesinada y el guardia herido disparó ciertas alarmas que pudieran considerarse lógicas en una comunidad que vive consternada por las dramáticas noticias de Venezuela. Miedos presentes en un grupo de personas que coexisten con el trauma de estar a 7200 kilómetros de distancia de su hogar, con familiares sufriendo la escasez, amigos enflaquecidos por el hambre o muriendo por falta de tratamiento médico. La abrumadora mayoría de los venezolanos residentes en Uruguay llegaron a este país huyendo de una crisis humanitaria sin precedentes en América. Empacaron algunas cosas y salieron despavoridos. Sin dinero, sin ahorros, sin capital, sin mayor patrimonio que su esperanza puesta en buscar comida, medicamentos y paz. Huyeron de la violencia y la impunidad que le quitaron valor a la vida y han hecho moneda corriente el fallecimiento de un familiar a manos de la delincuencia, el secuestro de un amigo o el robo, violento hasta el extremo, de algún conocido.

Pero si bien este hecho generó discusión en la sociedad uruguaya y algunos comentarios (discretos y traspapelados en grupos de Facebook) en la comunidad venezolana, no cambia la perspectiva positiva que tiene el venezolano con el Uruguay y su gente, maravillosa, acogedora, caritativa y profundamente colaboradora. Uruguay es un país pequeño en territorio pero gigante en oportunidades, que ha podido acoger a miles de compatriotas que llegan con una mano adelante y otra atrás, donando un abrigo, prestando una cama o dando una mano. Tanto en Montevideo como en el interior del Uruguay, la integración de los venezolanos ha sido buena y, salvo muy contadas excepciones comunes de la vida en sociedad, han demostrado lo mucho que traemos para aportar.

Una pregunta a manera de reflexión. ¿Quiénes son los inmigrantes venezolanos? Somos gente de paz, honesta, trabajadora, capaz, positiva, alegre. Que viene a ganarse las cosas con trabajo, con el sudor de su frente, con el esfuerzo de su espalda. Nada gratis. Nada regalado. Que busca generar nuevos emprendimientos, nuevos proyectos, nuevas ideas. Para sumar. Para hacer más. Para innovar. Para progresar. Para ser parte del crecimiento. No somos eco del caos. No somos el espejo de la tragedia. Somos un “gracias” que recorre el mundo. Damos testimonio vivo de un país triturado por la maldad, pero transmitimos el mensaje de progreso y libertad que queremos para nuestra nación. Somos una buena noticia que supera el desastre de la dictadura.

Y, a pesar del llanto reprimido y del dolor ahogado en nostalgia porque nuestra gente sufre, siempre tendremos una sonrisa para agradecer.

“Los migrantes mueven el mundo, trazan los mapas y las culturas. Sin ellos no habría tango y tambor, y en Uruguay no habría murga”. Murga Doña Bastarda.

***

Ángel Arellano

[1] El guardia de seguridad es el señor José Sánchez, quien era el sostén de su familia. Ante las múltiples ayudas ofrecidas se canalizó la apertura de un colectivo en la red Abitab a nombre sus familiares para quienes quieran colaborar. Colectivo Abitab Nro. 85168 a nombre de Gisela Sánchez. Referencia: Apoyo a José Sánchez.

[2] Con información de la ONG Manos Veneguayas.

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Reblogueó esto en Venezolanos En Uruguayy comentado:
    En medio de la tragedia nunca perdamos las esperanzas. Si quieren ayudar al señor José Sánchez y su familia pueden hacerlo depositando el Colectivo Abitab Nro. 85168 a nombre de Gisela Sánchez. Referencia: Apoyo a José Sánchez. Gracias!

    Me gusta

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